De subjetividades...
Hoy la cosa va de teatro, algo que me gusta mucho más de lo que frecuento.
Y aunque recomendando suelo ser un verdadero desastre, me tomo un trago de osadía y largo la recomendación-invitación-sugerencia...
El escenario: una cancha de bochas, el mismo escenario en que los tíos de los tíos de mis tíos largaban puteadas al aire al tiempo que arrojaban sus bochas tratando de situarlas lo más cerca del bochín, discutiendo los arrime, bochadas o ganchos. Y que me embriagan hasta hoy, los domingos de anécdotas familiares.
Una secuencia de actos que fundamentan el arte hasta con los mínimos efectos, me reí mucho. Demasiado. Recopilé certezas, evoqué recuerdos y me tragué incertidumbres, las que no, las dejé ahí, envueltas en un papel de caramelo.
Me cuestioné más de lo que pude responderme. Certifiqué que creación y creador se necesitan mutuamente. Si muere creador, su obra deja de existir. Humo. Muerte. Entierro. Cenizas. Lluvia. Y risas, claro, muchas risas.
Insisto en el adjetivo: Fascinante...una obra que deja el sabor de muchos verbos, crear y borrar; mojar y secar; dotar de significado sagrado al ciclo vital de la naturaleza, de la vida a la muerte, de la cordura a la más normal de las locuras, de la presencia a la ausencia, todo es un atarse y desatarse, un todo como barro derretido en nuestras manos...
Masticando la sensación que dejó en mí esta puesta en escena, me tomé el atrevimiento de manifestar el efecto que me invade en un pseudo-diálogo con el debido perdón a su autor:


