Sueño Gatuno...
Una noche más de esas, cuando entre cuentos, juego a coleccionar vocales y luces de colores... y sí, sabía que estaba soñando, pero me obligué a no despertar...
Veía lo de siempre, fascinada; tejados de color rosa, luces naranjas y el cielo rojo y gris. Y en noches* como éstas (fe de erratas: En sueños como éstos), pienso dos veces cuál sería el tejado que mejor me acune, donde mi cuerpo siga la ondulación de las tejas.
Esta vez, había elegido uno oscuro, muy inclinado y de teja antigua, de esas que se mueven y se caen si uno pisa muy fuerte, sobre aquel tejado, se movía despacio la sombra de una gata, vacilando detrás de las chimeneas .... y la luna la vestía de un brillo que hacía de su pelaje negro, un azabache radiante. Una sonrisa afilada y unas uñas semejantes a esquirlas de vidrios cortando todo lo que tocaba. Era esa gata que aparecía de vez en cuando, como salida de la nada, en la vida de él. A veces lo miraba con sus ojos relucientes y verdes desde dentro del armario, sin inmutarse. Otras mordisqueaba el extremo de su bufanda y se abalanzaba sobre sus zapatillas cuando él iba caminando. También se acomodaba en sus pies mientras dormía, daba vueltas y vueltas hasta hacerse un hueco donde convertirse en una bola peluda y ronroneante... Una gata de mirada altiva y alma ciclotímica, un alma que seguramente ya ofreció al mismísimo diablo. Y él no la quiso por perversa. Una gata que mira con ojos de puta y maulla una canción en el departamento 6... y se viste de noche, con estrellas en el escote, y se desliza serpenteando en la barra de algún tugurio y destapa cartas de una extraña baraja mientras sonríe a medias.
Una gata espesa, refinada, guiñaba un ojo al tiempo que con su voz rasgada maullaba un "sígueme"...y de chimenea en chimenea, de teja en terraza, de ático en alféizar, le enseñaba, uno a uno, todos los secretos de su mundo felino y nocturno...






