29 de octubre de 2007

Puntos sobre las íes...

Confieso que esta dinámica de escuchar constantemente el... "nunca antes me había pasado algo así"..."estoy confundido"... "no quiero hacerte daño porque sos una buena mujer" y "necesito tiempo" me está generando un poco de urticaria-malestar-embole-rabia-en-aumento. Y ni hablar de lo que me ocasiona ese arrepentimiento casi diabólico cuando los hechos ya están consumados. Justo cuando creo que me va a llegar un ramo de flores o por lo menos un picante y caluroso e-mail para decirme lo bien que la pasó, el sujeto en cuestión se hace humo, y si llego a pedir explicaciones me enfrento con el humillante "no sos vos, soy yo".




En fin... una verdadera terapia de shock para el amor propio de cualquiera.

25 de octubre de 2007

Poéticamente Insurrecto

Y nunca me detuve en el orígen de mi primer divague, entré para descubrir verdades ajenas y terminé descubriendo las propias...En ese ínfimo instante en el que los caminos sin querer queriendo se cruzan de carril y alumbran las oscuridades, descubrí que la casualidad existe, a veces maquillada de causalidad, -quizás sea solo una cuestión de sentidos-...

La lectura fue coincidente, exquisita... la caminé descalza y sin hacer ruidos, la admiré... puse sus letras en mi boca y sentí que mis muelas estaban unidas por un puente elástico y la saliva que circundaba cada dificultoso -y delicioso- mordisco era dulcísima.
Fue un hallazgo maravilloso, con tiempo a destiempo, no pudimos ponernos en hora... cuando sentí el envión, caí en la cuenta que su Outside the Wall, se bajaba en la próxima parada, y su asiento quedaba libre. Su despedida no me dio tiempo siquiera a una bienvenida. Cada tanto releía sus letras como para re-afirmar mi admiración.
Digerí su verdad, bien expuesta: -"Todo me ha sido dado, y todo ha sido mi condena. Y quienes hayan llegado a este punto con la certera convicción de que mi debilidad personal me impide acometer la empresa de cumplir con mi destino (alabados quienes aquí encuentren la paradoja), se equivocan estúpidamente, de nuevo. Yo me sé capaz de todo aquello, y por eso -me- lo evito.-


Y yo pensé que era ficción. Pero No.


Volvió. Vueltas de la vida. Con su insurreción latente y con la calidad/claridad en su decir intacto.
La vuelta me pone feliz, y lo esperábamos.
Me explicó que la rutina lo agobia, y será ese el motivo de un retorno diferente y de una temática de puntos suspensivos que despierta la intriga-ansiedad por lo que vendrá...
La cosa es que él, poéticamente insurrecto, ha vuelto al escenario, y más allá de recomendar su blog, invito -siguiendo su textualidad- a ser partícipes del libre albedrío mientras jugamos entre todos a delinear el ritmo de sus historias.

23 de octubre de 2007

Crónica del día que llevó mi nombre...

Una ciudad apurada, siempre con una demora de cinco minutos, un bloque encementado y una energía constante, mucho humo, el reino lleno de neones allá abajo. Una histeria cómica. Oscuridad y sombra, tacos altos y ojos empalagados de rimmel. Me tenté de risa cuando me perdí en el subte, me gustó la idea de estar subterráneamente desorientada, buscaba la línea A, aparecí bajo una flecha que decía B, lo tomé igual, pensé que una letra más una menos, no haría la diferencia. Me equivoqué. Buscaba mi mejor perfil fotográfico junto al Obelisco cuando un bocinazo me hizo entender que las calles no se cruzan como estoy acostumbrada. Los itinerarios me rompen la paciencia, pero me gusta cumplir(los). A las cuatro de la tarde la prueba de sonido. Me sentí cómoda, no tanto como en el hotel, que de tanto lujo sentí que me estaban jodiendo. A las ocho de la mañana, una señora acartonada con cara de mil amigos frente a la puerta de mi habitación me invita a una sesión de masajes (?)... -todo bien señora, pero prefiero desayunarme unos mates-.

Caminé despacio por Cerrito, y el despacio fueron solo tres pasos, al cuarto me vi condenada a seguir el ritmo, o en su defecto morir tragada por alguna sombra. Calle Corrientes me gustó, mientras Euge,Pato y Lu andaban revisando las puertas de los teatros en busca de famosos, me perdí en una Librería, con un perfume riquísimo, con sabor a biblioteca puesta ahí para mí. Me regalé "Todos los fuegos el fuego" y como me gustó el nombre Talcahuano, recuerdo que la Librería era antes de llegar a esa calle. El paseo La Plaza me pareció surrealista, las etiquetas y los brillos en exceso es algo que me causan gracia, pero lo que sea, en ese lugar me enamoré de un Arce japonés de 20 cm. y no pude resistir la idea de tenerlo entre mis bonsáis. En Plaza San Martín me saqué una bota para ponerme una curita. Y aunque me aturdía el pedido de: ¡Dale!, ¡Llegamos tarde!... no pude evitar cautivarme con la Torre Reloj de Plaza de los Ingleses.
Los fantasmas con ojos trasnochados recorren las aceras. Nadie te ve. Nadie dice Gracias. Y sin embargo, en plaza Miserere alguien me regaló un jazmín y me dijo: "para vos, porque tenés la luna en los labios". No entendí lo de la luna, pero me encantó. Y me quedé mirando la plaga de gatos con esa cara que no mezquinaba risas por tener ese jazmín en mi mano. Un evangelista me disparó un caño en la sien y con su monólogo bíblico del mundo que se ha entregado al vicio y al pecado acribilló mi momento de calma.
Crucé hasta Cromañón y el suelo me recogió algunas lágrimas, el aire que respiré me lo tragué de una bocanada, es un clima especial, un aire denso, la piel siente el fuego, y sí. Me acordé de mi hermana y ahí dejé el jazmín.
El continuum se mantiene, el ritmo no se toma un break. Todos caminan como si supieran su destino. Permiso. Y mejor nos apuramos antes que el hombrecito empiece a titilar en rojo. Me gustaba el molinete de los subte, aunque había paro de-vaya-saber-que y no pagamos porque la puerta estaba abierta. Me quedé con las ganas. Cómo así también me quedé con ganas de Socavón y Malbec Syrah culpa de tres señores que atrasaron mi ritmo pausado y con los que más que cena compartí un hermoso dolor de cabeza.
No pude zafar de ciertos horarios, y cuando me hubiera encantado decir que No, a contra voluntad dije que Sí. Museum hubiera sido uno de esos "NO", aunque tenía la intuición de que sería rescatada por algún perdido de imaginarios en minúsculas y todo junto. Pero no. Shamrock me gustó un décimo más, quizás porque tenía varias copas de champagne dando vueltas por mi cuerpo y eso amortiguó el gusto o disgusto. De Palacio Alsina, así como entré, salí, y ahí dije, definitivamente: "Los años no vienen solos..."

La Trastienda fue toda mía, felicidad, mi gente, y puro sonrisas, los flashes me despertaban y nunca entendí que yo era la protagonista. Gente grossa. Gente producida. Buenos simuladores. Mejores apariencias. Abrazos y risas sinceras. Sí. Las de ellas. Las de mis amigas. Las que marcan la diferencia y se bancan lo que sea. Las que gritaban mi nombre y aplaudían mis palabras. El mensaje del Barrendero me piantó un lagrimón, y escucharlo justo ahí, entre el quilombo de la gente, me estremeció. Ojalá dimensione cuanto lo quiero. Me olvidé si estaba en la ciudad de la Furia, o en el fin del mundo. La niña, mi niña, dibujaba mis labios en perfecta sonrisa, la batería en fusión al bajo, me marcaba los latidos y corría adrenalina. Me llamó y me dijo que era una muñeca y escuchar su voz, en el momento justo, no marcó diferencias. Estaban todas las sonrisas que necesitaba. Las que no, tuvieron la magia de poder dibujarse. Javi me sorprendió y con su mensaje a la distancia me abrazó fuerte.


Los huesos eran astillas luminosas, parecía un pájaro a punto de emigrar. Los ojos en silencio. Y reuniones, más reuniones. Ir y venir. Venir. Ir. Almuerzo rapidito, como todo, como cruzar la calle. Vestidos exactamente iguales, como si la música que sale del Mp3 sea ídem para todos y la patología les indicara el mismo ritmo en los pasos. Me bajé en Lima cuando tendría que haberlo hecho en Plaza de Mayo. Rapidito. Con esa sensación de que el cuerpo quedaría atrapado al cerrarse la puerta. Los miraba dormirse en los andenes. Me preguntaba, cómo vivirán el vértigo de encontrar, el orgullo de gustar, el milagro de coincidir, la delicia de encajar. Más reuniones. Más "¡mucho gusto!, ¿qué tal?. El placer es mío. Me pareció raro no distinguir entre buenas tardes y buenas noches. Por el ritmo será. O como me dijo el kiosquero, es cuestión de costumbre. En el fondo pensé -es cuestión de querer acostumbrarse, también-. Quedaron detalles pendientes. La insurrección de una coca-cola hubiera sido un lindo detalle. No ocurrió. No me quejo. El tiempo pasó rápido. Me gustó Flores, aunque no vi ni una sola flor. Avellaneda tiene lo suyo. Me reí mucho. Me divertí. Las argollas colgadas en el subte me dieron un aire circense. Pelo verde. Esa suerte de moda de trapos viejos. Originales. Sí. Recorrí muchísimo, dormí poquísimo. Comí como si me pagaran por caloría ingerida. Respiré olores. Perfumes de bohemia. Contactos con personajes soñados y algunos fugados de pesadillas- qué también cuentan-. Días de una leyenda cinematográfica con ese algo que no es belleza, pero que es mucho mejor. Euforia. Luz intermitente. Histérica por dentro, duplicada por fuera. Conservé la sonrisa que abunda en la cara de los tontos –y los aterrados- y comencé mi improvisación. Todo salió mejor de lo esperado. Le saqué la lengua a la mala racha y disfruto. Viento a favor. Demasiadas cosas buenas, tanto que me hacen dudar. Escucho mi tema en la radio y me tilda la frase... "No hablo en futuro, porque no sé si será"... La felicidad me abraza y yo le dedico mi canción. No lo soñé. La ficción me superó y mi sonrisa se hace inevitable.

13 de octubre de 2007

Hasta mientras... a la tarde la han puesto ahí para , y me voy a recorrerla en compañía de las voces que uno le pone a sus recuerdos (en perpetua e innecesaria conciencia), dejando que un play casual me escupa la obtusa honestidad del Gran Charly...


No razonar, desaparecer



Cuando tenias que estar



Te echaste a correr...

9 de octubre de 2007

A veces, solo a veces...

Me enseñaste la clandestinidad frenética de este
amarte sin salidas, me enseñaste el romanticismo derramado en sesenta minutos de puro placer...me enseñaste a caminar la ciudad en veinticuatro horas con la complicidad de un cielo azul, brisa con acordes de Pastoral y adoquines que a nuestro paso se convertian en flores... me enseñaste a descubrir-me cursi con solo sentir tus manos frías-chiquitas-rebeldes.

Pensé que era normal que no me extrañes, pensé que jamás llamarías, pensé que no necesitabas mi voz, que no era ni siquiera tu última prioridad ni la más remota posibilidad de tus posibilidades, pensé que después de todo, no somos ni siquiera amantes, y que las hormonas están solo de este lado de la orilla...

Cuando mi mente, mi alma y mi corazón trataban de digerir esta verdad, sonó el aparato infame y del otro lado estaba tu voz como una maldición estridente, anunciando tu presencia... intacto, vos...el mismo brillo en tus pupilas...vos...(te ví, y me tragué el discurso)...

Mastiqué tus mensajes asépticos y ese silencio prolongado (mi debilidad-perdición-sed-necesidad), el sabor de un vino y las estrellas dándote la razón...me dolieron tus palabras ligeras, me dolió tu lanza dialéctica y me estremeció el entrelíneas que desnudaba tu lujuria de querer verme-tocarme-sentirme y tenerme en tu mundo-sin palabras y con sábanas perfumadas...

Me dolió, sí... me dolió... pero me iluminaste el alma, y caí en aquel mundo que habíamos inventado, lejano pero tan nuestro, donde yo era presa de tu saliva y vos cómplice de mis manos... no lo evité (porque de haberlo hecho-no-me-lo-perdonaba)... y la red de besos nos atrapó y la magia húmeda nos conectó en sombras desde movimientos acompasados, sin pausas, sin espacios, sin rejas...
Un segundo, dos, o tal vez tres... y los jadeos estampados en la memoria de los tímpanos me atormentaron y me devolvieron al retazo de mi realidad...


Hoy con el eco de tu voz dando vueltas en mi cabeza, el sabor de una noche afónica, y la resaca en la piel de mi cuerpo extasiado...vuelvo a quererte y a maldecir por lo que pudimos haber sido (pero no).
..., fuimos casi todo y el casi faltante, hace del todo, una anécdota que recordarla a veces, solo a veces... me hace extrañarte mucho más que demasiado...

2 de octubre de 2007

Comencé... (este lunes fué verdad!)

Sé que no suena auspicioso, pero al ver la aguja de la balanza navegar por una cifra irreproducible, doy por inaugurada mi dieta 182 del corriente año. Con la trágica opción, que a partir de este anuncio comience a regir la conocida e invariable regla de Murphy, la que confirma que en el exacto momento en el que uno se propone bajar de peso, todo el resto del mundo inicie orgías gastronómicas en la cara de la damnificada.

No es una experiencia nueva para mí, lo he vivido varias veces, algunas con relativo éxito, y si bien recién comienzo, y pareciera que el mate me muerde por dentro y mi estómago es un carnaval de reclamos, sigo la restricción al pie de la letra.... y como es sabido en éstos casos, todo se subsana con una botella de agua, y aunque parezca un colchón líquido, que camina y suena y mi panza sea una piscina, me dispongo a subsistir hasta el almuerzo, y.... sopa y...¡¡ más líquido!!


En este preciso instante, odio minuciosamente a todas las felices-afortunadas que pueden comer cualquier cosa sin temer el ataque de acumulaciones adiposas in-abdomen, la raza maldita que parece no digerir nada. He comenzado mi batalla contra mi propio expansionismo. Ya les contaré cómo me va; hasta entonces, no me inviten a cenar.


[Y a mis queridos cabshas, no los abandono, es un simple....

"hasta el próximo invierno"]