21 de diciembre de 2007

De donde vengo... lo que soy

Y tiene eso, un silencio celeste, casi turquesa, y el olor de las calles, de allá, a la tierra húmeda cuando llueve y a hierba fresca que perfuma los pasillos de las altas galerías...
Soledad y silencio, árboles que bailan al vaiven de la brisa, haciendo gestos de reverencia a la figura humana, frondosos, verdes amarillentos y unas raíces negras como rubia con tintura descuidada, y esa sensación tan única de atravesar la alameda que me hechiza con sus extraños silbos en la tarde y... un viento suave, perfumado a peperina, que cae sobre la tierra dejando hilachas de una melodía, meditación y silencio transformados en dignidad sonora... De día, un sol de punta en blanco ilumina la gama de marrones, de noche, la luna filosa engarza su plata entre las oscuras rocas, recortadas sobre el fondo de un cielo diáfano, ebrio de soledades que no conocen la polución ni el bullicio, amalgamadas en la paz de una mudez solo interrumpida por los nostálgicos trinos de algunos tordos y algunas tijeretas...



Tan cerca y tan solo, un camino sin líneas que interfieran, una agüita mansa, que baja jugueteando entre las piedras que brillan como gemas, libres de ambición y marquesinas...
Y una familia que es un pueblo, mi pueblo, y esas calles que guardan secretos, las andanzas de aquellas épocas, de pies descalzos y nubes redondas, de manifiestos y conversaciones bajo los sauces llorones -y tan sonrientes-... dejando confesiones en las raíces secretas, las que ahora, me ven pasar y me guiñan el ojo....ellos...los personajes de siempre, de cuentos y leyendas, los que hacen a una galopar de asombro en asombro, de revelación en revelación... Pueblo de Florencio, el loco lindo, el-loco-que-dice-buen-día-con-su pulgar-en-alto y anda de margarita en el ojal como si todo el año fuera primavera, de Jorge, el viejo barbudo con ojos de niño que deambula recitando sus penurias y desengaños.
Nada de catedrales ni bronces lustrados. Una capilla que huele a madera y una escalinata que guarda romances, desengaños y los nervios de un primer beso. Un Don Lucho Dinca -empecinado en verme casada- una María sonriente, a la que pese a los años, el saludo no cambia... buenos días seño María! Y el consecuente apretón de cachetes... cuánto creciste!..., qué grande estás!
Tardes de sandía y noches de vecinos en las puertas, mate solidario en los patios de parras y aljibes... mi gente, mi sangre, mis olores... tan lejos y tan dentro mío...

Nunca me fui, y sin embargo a veces, lo extraño tanto...

14 de diciembre de 2007

Réquiem a mi reflejo...

Me enfrento al espejo. Me miro. Veo en mi reflejo, el autoguiño, una historia completa de escucharme, crearme-creerme, (re)inventarme de reírme-llorarme...Tormenta adentro. Lupa desenfocada. Una contradicción de movimientos. Verbos que se anulan. Un reflejo vacío de sombras. Afuera un viento de putamadre. Adentro el silencio de un espejo que se empecina en gritar que esa silueta desnuda de palabras, demente por tiempo completo... con su verdad macerada en incertidumbre, de corazón felino, pestañas saladas, apuesta kármica, teléfono que exige ser voz. Codos gastados. Nirvana y un oído sensible, soy yo...y sin embargo no le creo. ..

Y... me pierdo del espejo, renuncio a lo que muestra -y no reconozco- y me voy..., sintiendo que la que habita del otro lado de mí misma me abandonó, me dejó muda de simetría... y me voy...a buscarme en la humedad y el desamparo de mis paredes, en diciembre que quedó tan lejos de otoño cómplice... y me busco en mí... En la acidez de un helado de limón. En media botella de vino, en una luz roja. En una calle vacía de contradicciones. En unos labios húmedos con sonrisas de-no-te-miento. En las frutillas que hicieron emigrar a mi saliva, en ésta geografía de piedra - mía- . En los sahumerios de sándalo. En un sillón a cuadritos, en las poesías a medio escribir -donde la protagonista evita confesiones por miedo a terminar acribillada en una de las estrofas-. En la culpa de un enter que grita la necesidad de quererte cerca. En la soledad de Plaza España.



... y me voy... a buscarme..., puede que La otra (la otra que no soy yo pero que no me deja ser sin estar) mande señales y tal vez... tal vez no sea tan imposible la reconciliación...

9 de diciembre de 2007

Hamacarse entre recuerdos...

Esos recuerdos que uno pareciera tenerlos intactos..., y de golpe y porrazo un cajón deja caer una fotografía, cubriéndola a una con la sensación de que lo intacto es algo borroneado por la tierra de los años...,
Y viajar...irme con la imagen, vestirme de sabor a dulce de naranja, perfume a jazmín, textura de higos maduros, paisajes
míos y de ellos, mío y de ella...
De ojos claros por donde navegaba un miedo que nunca comprendí, de un brillo que dejó consumirse con los años, pero que la naturaleza no pudo apagar en mi memoria. El profundo cristalino del Río Suquía agarrado en su rostro, un bolso de palabras que había coleccionado por las calles... Ella sacaba una palabra del bolso, la mascaba, la besaba, la definía y me la regalaba, y mi corto andar hacía malabares para descifrarla...y sus manos que remaban el sacrificio y que me alzaban del suelo para besar las estrellas... mi niñez asustada se acurrucaba al alero de sus años, abrazando la pena de sus ojos, descolgando cuentos del ciruelo, escuchando una y otra vez la historia de Juana la botellera
que-no-se-casó-porque-no-quiso, o de Chuncanito el-loco-que-no-estaba-tan-loco, entre mate y mate abriendo el verano... tragando el sonido de sus manos al moverse entre los almácigos, o la melodía sin bemoles ni sostenidos de su máquina de coser... ella..., manos prodigiosas, de consuelo y descubrimiento, las que me enseñaron a enhebrar collares con los fideos de la sopa y freír buñuelos hasta darles un punto tan perfecto que parecen laminados de oro...
Estoy bien, es solo eso... una lágrima que en el fondo se hace sonrisa... una especie de querer sentir ese beso en la frente, y confirmar que se puede extrañar con más intensidad si el día dibuja lluvia...
Solo eso, ausencia... casi de aliento y sangre, casi de voz y movimientos...Solo eso, la luz detiene a la sombra pegando su rostro en la vitrina del día, recuerdo que pasa impúdico, desnudo, perfumado, con las manos en los bolsillos, silbando una canción, de esas que nadie recuerda, porque son interpretadas muy de madrugada cuando todos duermen... y me visto de día y guardo el traje de la tarde
(lluviosa-tan-gris), pero sin dejar jamás el gusto a mate cocido y criollitos del almacén del Ñato...



Es solo eso, extraña sensación... refrescante, que ilumina los adoquines de la calle de nuestros recuerdos y una mirada que me acaricia, húmeda, tan suya, tan que no tiene nada que ver la mudez de una foto...