De donde vengo... lo que soy
Y tiene eso, un silencio celeste, casi turquesa, y el olor de las calles, de allá, a la tierra húmeda cuando llueve y a hierba fresca que perfuma los pasillos de las altas galerías...
Soledad y silencio, árboles que bailan al vaiven de la brisa, haciendo gestos de reverencia a la figura humana, frondosos, verdes amarillentos y unas raíces negras como rubia con tintura descuidada, y esa sensación tan única de atravesar la alameda que me hechiza con sus extraños silbos en la tarde y... un viento suave, perfumado a peperina, que cae sobre la tierra dejando hilachas de una melodía, meditación y silencio transformados en dignidad sonora... De día, un sol de punta en blanco ilumina la gama de marrones, de noche, la luna filosa engarza su plata entre las oscuras rocas, recortadas sobre el fondo de un cielo diáfano, ebrio de soledades que no conocen la polución ni el bullicio, amalgamadas en la paz de una mudez solo interrumpida por los nostálgicos trinos de algunos tordos y algunas tijeretas...
Y una familia que es un pueblo, mi pueblo, y esas calles que guardan secretos, las andanzas de aquellas épocas, de pies descalzos y nubes redondas, de manifiestos y conversaciones bajo los sauces llorones -y tan sonrientes-... dejando confesiones en las raíces secretas, las que ahora, me ven pasar y me guiñan el ojo....ellos...los personajes de siempre, de cuentos y leyendas, los que hacen a una galopar de asombro en asombro, de revelación en revelación... Pueblo de Florencio, el loco lindo, el-loco-que-dice-buen-día-con-su pulgar-en-alto y anda de margarita en el ojal como si todo el año fuera primavera, de Jorge, el viejo barbudo con ojos de niño que deambula recitando sus penurias y desengaños.
Nada de catedrales ni bronces lustrados. Una capilla que huele a madera y una escalinata que guarda romances, desengaños y los nervios de un primer beso. Un Don Lucho Dinca -empecinado en verme casada- una María sonriente, a la que pese a los años, el saludo no cambia... buenos días seño María! Y el consecuente apretón de cachetes... cuánto creciste!..., qué grande estás!
Tardes de sandía y noches de vecinos en las puertas, mate solidario en los patios de parras y aljibes... mi gente, mi sangre, mis olores... tan lejos y tan dentro mío...
Nunca me fui, y sin embargo a veces, lo extraño tanto...

