Los labios, tus labios, mis labios...
Sí... sí, definitivamente los labios que ceden como almohadones en miniatura, son mi perdición...
... Y mi alma se hace tangible en el delirio de mis acuarelas...
Caminando con esta nostalgia sonriente como marcando el fin del luto, me perdí por Caseros... Le hablé a mi dolor, con una voz tan reflexiva y consciente, que no parecía la mía, sintiendo en cada palabra el relieve punzante de las verdades que cortaban mis alas... caminaba y la ciudad se abría como un abismo, cuando el espasmo de algunas lágrimas quiso ganarme la partida, le subí el volumen a la música y aceleré la marcha, me vi reflejada en alguna vidriera y me llamé la atención, me vi indefensa, huérfana de tus lunares, con los ojos rojos de sueño y de vos, pero me vi intacta, y el frío penetrante me abrazó y me hizo sentir el flujo de sangre que me conecta con la vida... caminando, sola, sin un mal beso que llevarme a la boca fue lo que necesitaba para darme cuenta que aunque hagas de mi corazón una tibia primavera en mi cerebro es demasiado invierno. Pero al menos, es un invierno real.
El pasado con sus venenos, el presente con sus murallas , y yo con este silencio, un silencio que no supe cultivar cuando era época de cosecha para callar y ahora se ha convertido en un grito destemplado que trato de maquillar con una poesía que no alcanza..., un silencio que mientras me grita, me abraza, inaugurando una nueva herida, y me deja con ésta sensación de tenerle miedo al miedo... y con esta necesidad de que alguien me abrace...
Me busco en la danza que explota al son de los sintetizadores electrónicos, mientras el sonido elevado a lo sublime expira en el espacio donde algún Dios consume ruegos y oraciones.
Alguien inconmovible, sin piedad y paladín de moribundos no tuvo mejor idea que poner esa canción que cuenta entre sus acordes recuerdos de peleas con post sábanas de reconciliación, aniversarios y días de verano-acalorado-sin-rumbo, que tiene recuerdos de cafés trasnochados, risas húmedas y lágrimas por nada... esa canción que te reclama(ba) desde mis entrañas.... y me hubiera encantado que mientras sonaba me abraces desde atrás, como interpretando mis puteadas en silencio por estar escuchando una canción que juré que nunca la escucharía sola, esa canción que alguna vez fue caricia y hoy es sonido acuchillando mis oídos como adivinando que aun sigo siendo la misma, y sí... aun le sigo temiendo a los recuerdos.
Antes mi lógica era más ilógica, creía en los sentidos que se desnudaban cuando la razón sonreía victoriosa, en la culpa que me mantenía atada a espectros del recuerdo y en que el tiempo hacía bien en guardar a cada uno en su lugar.
Me acostumbré al modo precario de este sentir, a tenerte sin brújulas ni rumbo, a vivir desorientada con la sensación que al fin de mis dedos está tu anatomía dibujando la más hermosa geografía. A encendernos-resucitarnos con un beso burlando al invierno, a no hablar de futuro y saber que el tiempo tiene la noción de las horas que permiten un encuentro. Me acostumbré a que las culpas no me duelan, a los rincones sin luz de los bares menos concurridos, a no mentirme promesas. Me acostumbré a sentir este sentir en un subsuelo, con un espectro invisible entre vida-muerte, resurrección-letargo, con noches ardientes que nada saben de formalidades y que en ese sigilo de dibujarnos la piel y entrecortarnos el aliento atravesemos los sueños de las personas decentes.
Me acostumbré perdidamente, sin planes, me acostumbré a ser amnésica y verte a vos ajeno...y sí..., me acostumbré a mentir para sobrevivirse, creerse el espejo, confiar en la mejoría, en el progreso y jurar que no se piensa ya más en los protagonistas de los desamparos.