Seguir andando...
Estos días me los cobro en un presente intermitente, un despojarme de líneas circulares, abrir las manos, dejar que caigan todos los grises-inclusive los sepias-, ver los velos esparcidos por el suelo y descoser los gritos que tenía zurcidos en mi espalda...
El calendario avisa. Tiempo de dejar atrás calles que palpitan, horizontes encementados a los que no les da tregua el sol, huesos que corren a pasos vertiginosos marcando el ritmo de un mp3... es hora de irme, de recorrer nuevas sábanas y rendirle fidelidad a otra almohada, de hacer que futuros presentes se tornen un cuadro de recuerdos por pintar...
Hay un plan, dos destinos, y un proyecto en el bolsillo... Me calcé las zapatillas, y reviso por última vez la mochila: dos libros, tres canciones, un abanico de certezas, una seguridad temblorosa, dos consignas, una caja de cabshas, una carta del desquiciado y la hoja de ruta. Sí. Casi todo.
Otra señal. El crujido del invierno abre la puerta, dentro de él, veo despertares, nuevos espacios que debo llenar de mí misma lo antes posible.
Explotar todos los verbos: escribir, viajar, conocer, vivir, contar, callar, contar, callar de nuevo; e intentar... allá, donde la naturaleza es refugio, el viento amasa las palabras y los colores de esos cerros tiñen el alma con asombros permanentes.
El tiempo y el espacio reparten cartas indistintamente ..., el mes de julio baraja los naipes y el invierno me da su guiño de complicidad... el destino se piensa victorioso y ésta vez NO lo voy a contradecir. NO, ésta vez, NO.
El tiempo y el espacio reparten cartas indistintamente ..., el mes de julio baraja los naipes y el invierno me da su guiño de complicidad... el destino se piensa victorioso y ésta vez NO lo voy a contradecir. NO, ésta vez, NO.
Un viaje.
El futuro, todavía por delante y nuevas imágenes que llevar en las pupilas.

