27 de junio de 2008

Estupidez implícita...

Muy a pesar de su estupidez implícita, ser ella tiene sus ventajas... es capaz de cantar una serenata bajo una lluvia torrencial, de seguir el norte con las estrellas y de calcular el sentido del viento, de buscar un par de bufandas horas y horas en el parquecito de la esquina y hacer trucos de magia en plena peatonal...

Muy a pesar de su estupidez implícita, es capaz de responder amablemente a un "¿tienes hora?" sacando del bolso un reloj de pared, detectar a kilómetros el sufrimiento de ciertas especies de animales, adivinar colores por tacto y saber perfectamente el sabor de ciertas golosinas por el sonido de su papel...

A pesar de su inmensa estupidez implícita, puede convencerse a sí misma de que ser impulsiva es bueno, declarar con glorias y sin penas que su comida preferida es la polenta con queso y que no hay mejor sahumerio que el aroma de un espiral prendido.

Muy a pesar de su estupidez implícita, es capaz de aguantar el impulso de arrancar un botón con los dientes, chocarse con contenedores de basura sin que le queden marcas, y si le apetece pisar corazoncitos Dorin's masivamente en el portal de su casa.

Muy a pesar de su elocuente estupidez implícita, es capaz de leer nueve veces "Germinal", y mirar catorce veces Cinema Paradiso, y en ambos casos, llorar como si fuera la primera vez, y saber que si la alfombra de su casa no es color canela, entonces... se confundió de puerta.

A pesar de su borboteante estupidez, toda ella implícita, es capaz de colocar los mensajes más oportunos en los lugares más oportunos y los momentos más oportunos, y nadie le pregunta en qué momento comenzó a decir incoherencias, ni la intentan convencer de lo malo que hacen los caramelos a los dientes.


Y lo mejor de todo, es que, a pesar de su inmensa estupidez implícita, es muy consciente de que su estupidez implícita es tan sólo estupidez implícita...

23 de junio de 2008

Así de clarito...

Quizá tengas razón y éstas palabras no sean confidencia lírica sino más bien silencios anémicos que se unen, tomados de la mano como en ronda [jugando-a-la-farolera-tropezó... (...)...y-al-pasar-por-un-cuartel-se-enamoró... ] anunciando una plegaria, invocando un ruego mudo.
Sí. Asumo que podés tener razón y este rostro de desvelo disimulado no sea más que descubrir-me: un cuerpo solitario con la capacidad de pronunciar su nombre... tratando de imaginar el otro lado de la igualdad yo+yo... un chocolate congelado, el guiño de un libro sobre la mesa sellando un epitafio: "100 años de soledad" ... y entonces no puedo quejarme... y no es obstinación, no. Es sentir mi soledad congénita, sentir su aire caminando en el pasillo, es verla deslizarse en tinta azul sobre las hojas del cuaderno, girando entre el limonero, suspendida en el muro de los jazmines, empolvada de tiempo entre los libros, y sus pasos dejando huellas en el piso de mi alma y ella, tan ella... que se ha empecinado en albergarme, muda y transparente por mis rincones... Es ella, mi soledad de entonces, de hoy...a la que sin tacto, y bajo todo los modos de diálogo existentes, le digo que se vaya bien a la mierda. Que no soy desagradecida, pero me tiene bien podrida que sea ella, la que bese mis labios, y sí...aunque a veces me besa, otras tantas pareciera que soy su peor enemiga y me trata a patadas, haciendo de mí una criatura equívoca, húmeda, enrabiada...


Y me llueven adjetivos... claro, aun sabiendo de lo que yo le daba, de como la contuve, enarbolé y defendí, la muy puta me corta la piel con astillas de vidrio...

Yo sé que podés tener razón, pero debo contarte, que ella y yo en ciertas ocasiones nos llevamos muy bien... ella conoce mis verdades y juega a creerme, sabe de mis berrinches y de mis surcos más profundos, ambas tenemos historia escrita en un mismo cuaderno, anduvimos perdidas en un mismo cuerpo, iluminamos el insomnio conversando y nos paseamos enamoradas por el otoño, aunque el miedo nos sacara la lengua allá adelante...cuando vino el derrumbe, yo le tomé la mano y nos quedamos enganchadas al borde del precipicio, solas las dos, mirándonos de frente. Incluso ella sabe bien que caímos con las manos unidas y puse mi cuerpo abajo para que, si sólo una de las dos quedaba, fuera ella.
Y luego, cuando no pude caminar porque me quebré cada hueso del alma, le pedí que me esperara un poco, que me diera una pequeña tregua... y ahí estuvo, escuchándome...
Hoy es mi convicción casi a gritos y aunque acepto que tenés razón, espero que le quede bien clarito: "Ya no sos mi amiga", hace demasiado que no te tomo la mano. No me salvaste la vida y no me importa haber muerto salvando la tuya, no voy a inventarte más en los discos de Nirvana, ni en los cafés sin azúcar, ni en las tallas de madera, ni en las tardes soleadas con mandarinas. No.








Ok. No me lo repitas más, tenés razón... suelo putearla cuando miro el cielo estrellado, y después termino buscándola... evocándola. Claro, ella es tan dulce que hasta me convence con su miel, y termino despacito acostándome a su lado... Hoy no... leíste? Hoy - no... que sepa con un golpe de voz y de tibieza que desde hoy podrá estar en todos los sitios, menos en mí, no la convoco ni la espero, ni quiero que sea ella la que me espera con un abrazo al llegar a casa, y que la habitación que lleva su nombre la clausuré por caducidad de contrato, es más, que sepa que puede quedarse con mis canciones, con mis fotos y algunos de mis rincones, pero le prohibo que se adueñe de mis sábanas.

Momentos de cansancio, de cercenar fantasmas, desterrar dolor, y tirar por el inodoro obsesiones, sogas y espejos... Ella es mi creación y yo decido su destino...la hago invisible, acomodo los verbos y bailo desnuda de ella bajo la luna... es hora, es ahora... un simple abrir los ojos y atravesar el espejo de las apariencias...


Si vas a volver, que sea solo para llevarte las fotos tuyas (de mí) que todavía guardo en el cajón.

18 de junio de 2008

Entre relojes y certezas...

Es el tiempo que todo lo corrompe y todo lo transforma, ese tiempo que deja de ser tiempo cuando es concebido como tal, el que no transcurre, el que nunca llega y jamás pasó...Donde un segundo eterno transcurre a la velocidad de la luz, mientras las sombras que me asechan extinguen la inmensa oscuridad y dan paso a los fantasmas...

Claro, ya es normal... pisar los adoquines algo acostumbrada a que el minutero avance fuera de la velocidad del mundo. Será mi vocación de cronopio de tiempo completo, de idiota golpeada con síndrome de Estocolmo, la que determina mi verdad frente a ese rítmico tic tac, y sabés que cuando hablo de tiempo, me refiero a "mi tiempo", y eso es mucho más que eventos medibles de un pasado hacia un futuro, porque ambos sabemos que pasar por el presente desde nuestra historia, equivale a reírse de los relojes.





Ni más ni menos, una certeza: la unidad básica de medición es la respiración que compartimos en un perfecto fotograma de tus palabras en mi sonrisa y el principio de causalidad se estremece al borde de una coincidencia innegable.

14 de junio de 2008

De subjetividades...

Hoy la cosa va de teatro, algo que me gusta mucho más de lo que frecuento.
Y aunque recomendando suelo ser un verdadero desastre, me tomo un trago de osadía y largo la recomendación-invitación-sugerencia...
El escenario: una cancha de bochas, el mismo escenario en que los tíos de los tíos de mis tíos largaban puteadas al aire al tiempo que arrojaban sus bochas tratando de situarlas lo más cerca del bochín, discutiendo los arrime, bochadas o ganchos. Y que me embriagan hasta hoy, los domingos de anécdotas familiares.

La obra es un paseo, un ir de a dos, o de a tres, o solos o en multitud, caminando hacia el fin del desorden mental, masticando la locura camuflada en los pensamientos más cuerdos...


Una secuencia de actos que fundamentan el arte hasta con los mínimos efectos, me reí mucho. Demasiado. Recopilé certezas, evoqué recuerdos y me tragué incertidumbres, las que no, las dejé ahí, envueltas en un papel de caramelo.
Me cuestioné más de lo que pude responderme. Certifiqué que creación y creador se necesitan mutuamente. Si muere creador, su obra deja de existir. Humo. Muerte. Entierro. Cenizas. Lluvia. Y risas, claro, muchas risas.
Insisto en el adjetivo: Fascinante...una obra que deja el sabor de muchos verbos, crear y borrar; mojar y secar; dotar de significado sagrado al ciclo vital de la naturaleza, de la vida a la muerte, de la cordura a la más normal de las locuras, de la presencia a la ausencia, todo es un atarse y desatarse, un todo como barro derretido en nuestras manos...



Masticando la sensación que dejó en mí esta puesta en escena, me tomé el atrevimiento de manifestar el efecto que me invade en un pseudo-diálogo con el debido perdón a su autor:

¿Aún sigues ahí?
Te dije que quería que te fueras.
- No me voy a ir así. No quiero.
- Lo siento, querido, tu opinión no cuenta en mi casa.
Vete.
- Quiero que me expliques todo.
- Te lo he dicho, no puedes estar aquí, no es tu sitio.
Cruzaste una línea que no debías.
Sea de quien sea la culpa, ya es irreparable. Adiós.
- No. No lo entiendes, no puedo irme.
- ¡Largo!
- No puedo.
- ¿Por qué?
- Porque sé tu secreto....
- ¿Qué has dicho?
- Lo sé todo, te he visto.
A vos, o a él..., algo.
- ¿De qué demonios estás hablando?
No quería entender, pero las sombras se vuelven agresivas.
¿Lo entiendes?
- ¿Insinuas que soy producto de tu imaginación?
- Insinuo que eres producto de la tuya.

Nada más que decir, dejo la invitación esperando que el resultado les evoque la misma satisfacción que a mí: "esta obra es un exceso, con todos y en todos los sentidos".

Teatro El Cuervo
Santiago del Estero 433
- Capital Federal -

4 de junio de 2008

Frag-mento

Y sí, efectivamente todos somos, cuanto menos, dos. Hoy, me río por haberme reído en ese entonces cuando no creía tal verdad...
Dos caminando juntas, a veces a muchos pasos de distancia.


Dos formas diferentes pero iguales de equivocarnos y no ser, también estrepitosamente. Ella, es una fortaleza jugando a ser nido, yo, apenas, una cama sobre la ciudad. Ella, una biblioteca revolucionaria. Yo, una puta estantería con tres libros. Yo digo, siempre, y ella, a menudo. Yo digo nunca, y ella dice, a veces. Cuando me despido digo, hasta luego, querido, y ella, simplemente adiós amor. Yo, cuídate, y ella, que te vaya bien. Si es por la mañana, yo, que tengas un buen día, y ella, buenos días. Yo digo, creo. Ella, pienso. Yo sueño en blanco y negro, y ella, en colores. No lo entiendo. Nos llevamos bien, y cada tanto muy mal, claro, a veces se necesita espacio y de repente ese vaivén entre una y otra se produce en un simple tragar saliva, respirar profundamente o un parpadeo. Son segundos y ahí está. Ni siquiera hace falta un tranquilo sueño, no. Tampoco quiero cambiarle el sitio. No, ni mucho menos. No quiero ser sólo ella. Está bien así, aún sin entenderlo siquiera. Lo que me sorprende es la incertidumbre de cuándo?. Es como si tuviera la casa compartida. No he alquilado una habitación, me he alquilado a mí. Así está bien, ella me utiliza y yo a ella, y ese "utilizar" es con todas las consecuencias - como debe ser -.



Y soy yo quien me llama por mi nombre con la voz de ella para marcarme el camino de regreso a mí misma, a sabiendas que ella me robó un par de posibilidades, pero yo le robé un puñado de certezas... aun así, me pasa, -en-días-como-hoy- de mirar dentro mío y no conocer a nadie, ni siquiera, reconocerla a ella.