29 de mayo de 2008

Definitivamente...

La lengua no descansa y cuando parece hacerlo, a pesar nuestro, está meciéndose en un mar líquido lleno de palabras que como un fertilizante en la oscuridad de la noche y de la boca cerrada fragua historias que a pesar de la mudez llegan directas al cerebro y en las peores noches al mismísimo centro del corazón...



En mi cabeza hay una idea que no para de hablar, sin embargo yo, no quiero escucharla...

19 de mayo de 2008

El amigo de mi amigo...

Busca una mujer especial, perfecta para él, y aunque tiene prisa, sabe que existe. De todas maneras, no puede andarse con tonterías, así que no utiliza los métodos convencionales de ¿estudias?, ¿vivís sola? o ¿qué música escuchás?. No. Esas preguntas no le sirven. La mujer que él busca no contestaría a cosas así, se quedaría sentada, aburrida, mirando al frente, y a la mínima ocasión se excusaría con cualquier asunto. -Lo siento, tengo que ir a una asamblea de relojeros abstraídos. O... he quedado en tocarles la novena sinfonía a mis geranios. Es que si no, no florecen-.
Así que no pierde el tiempo. Cuando, en un bar, ve a alguna mujer que le gusta, se acerca. Es directo.




- Perdona, ¿te gustan los palíndromos?

Es sencillo, preguntas así le ahorran días de agonía y profundas decepciones. Normalmente ella se vuelve hacia él con una expresión exagerada. A veces de perplejidad, otras de pavor, otras de simple indiferencia. Pero nunca de extrema felicidad o de comprensión. A veces ellas dicen:




- ¡¡¡¿¿¿¿Qué????!!!

Otras veces simplemente se levantan y se alejan dos o tres asientos de él. Un gesto así es suficiente. Ya está acostumbrado a estas reacciones, así que no se disgusta, ni se desilusiona, ni nada parecido. Simplemente sabe que no es la mujer de sus sueños y aborta la misión hasta la próxima.




Mientras lee "Diario de Adán y Eva", piensa en ella. En Ella.




La mujer que une con clips galletas a notas escritas en diagonal, que se inventa su nombre cada mañana. Que sueña sólo con lo que quiere, la mujer voladora, la que compra libros por su olor. La que hace reír a sus plantas y riega a sus vecinos. La mujer esdrújula, cascanueces, azabache, y espiral. La mujer Curótrofa, lampreílla, una de "Las Pléyades" y despulpadora purpúrea. Minutisa y quintilla.





Sueña con ella, y no se preocupa porque sabe que la encontrará.



En el colectivo observa a una muchacha. Ojos Negros que leen a Baudelaire. Él la mira y sueña: quizás se trate de ella, su mujer brisa marina, quien sabe, quizás sea que al destino le guste viajar en colectivo por las tardes. Si se trata de ella, no puede perderla; ¿Y si no hace nada y se baja del colectivo y desaparece?. Incluso es posible que sea experta en buscar figuras en las nubes.
- ¿Prefieres las nubes vistas desde abajo o desde arriba?
- ¿Perdona?-
Que si prefieres las nubes vistas desd...
- Es mi estación, lo siento.

Y la muchacha ojos negros cierra a Baudelaire y se marcha. Él resopla y se vuelve a recostar sobre su asiento. Otra vez, otro rechazo, otra incomprensión, otro rostro de perplejidad, otra mujer estrella fugaz. Es un soñador, lo sabe y le gusta serlo, pero a veces se entristece pensando que este mundo no está hecho para soñadores.



- Este mundo no está hecho para soñadores- escucha, como quien oye un eco.






Y aunque asienta con la cabeza, yo tengo la convicción de que él no se cree tal manifiesto. Él sabe que existe un ínfimo instante en el que los caminos se enlazan y alumbran las oscuridades. Y yo le creo...

9 de mayo de 2008

Ella y su racimo de ser

"Evadirse para regresar, Ella volverá porque no existe un lugar donde no se encuentre extranjera"...






Estoy contenta por ella, está empezando a abrirse, la calma aparece sin-miedo-y-en-puntitas-de-pie, pero temo la fragilidad de su aparente fortaleza. Tiene grietas por las que se puede colar el dolor, el puro dolor. Mientras aquí, mis debilidades me van haciendo fuerte, me muevo entre ellas, ondulante y despacio... y aprendo a conocerlas, a saber porqué están ahí. Y la veo y me veo... y entonces dejo correr las letras de otras voces y acuno este silencio que brota de los rincones, invento una historia feliz de las lágrimas que brotan del cuadro que adorna la pared: una mujer de pupilas rojas, que escupe en sus lágrimas el sabor cortante de una verdad: "La vida rara vez imita las palabras que uno practica y demasiadas veces a las palabras que uno detesta".




[Y el gris se hace silencio]...



Le doy tregua al insomnio y me pierdo en los grises de la noche... y siento la sangre fluir suave como proclamando el anuncio, junto al vaso de agua apoyado en la mesa de luz reposa la cápsula de este bienestar, y el reloj indica que es hora de la ingesta y de un sorbo me trago la calma de "no hacer", de "no preguntar continuamente" hacia dónde?
Ella sabe que podrá hilvanar las mejores sonrisas, que podrá responder frente al "¿cómo estás?" en play automático: "bien, gracias", y podran decir que la han visto bailar en el útero de la noche taconeando unos zapatos negros afilados...



pero yo la conozco -y lo sabe-



Respeto la palabra de la mentirosa, y hago como que le creo, agregando trazos a su diseño falso y apoyando las cada vez más idiotas decisiones por las que toda idiota desamparada transita. Me pregunto si sabe cuanto la conozco, si hasta a veces le escondo retazos de su desamparo y la ayudo a llorar. Ella está hecha de tormentas y ahora le llueve encima. La humedad tiene un olor penetrante e impregna todo, ni siquiera el viento se lleva ese olor antiguo. Es un liquen que se pega al corazón y debajo todo bulle, hay vida que está creciendo, miles de palabras y verbos fermentan calientes y sé que no podrá aguantarlos, callarlos. Explotarán, explotarán como lo hace su risa o su llanto.

Y ella sabe que yo sé que todo interior da vértigo. Sí



Y me vende un guiño que mal esconde sus mentiras predilectas, quiero abrazarla, explicarle que yo aprendí a patadas la lección: repetir errores hasta que acierte, que desista, que abra la fosa y se trague los monstruos, que no le voy a responder porque no quiero mentirle, que al fin y al cabo su capacidad es inventar esa capacidad de hacer trampas para nunca ganar, que le presto mi pañuelo, el mismo que sabe a la perfección acariciar las lágrimas que suceden ante un abismo, un abrazo o una equivocación. Quizás tres formas diferentes de definir la misma voz que nos sigue llamando. Y es tan difícil no querer oírla.



Después de todo, estoy contenta por ella, sí.


Sé que después de llorarse y perderse, el tic tac mordisquea la realidad, y llega la hora de creerse sus lágrimas, tendrá, entonces, los ojos limpios para sorprenderse con la luz que filtre la cortina, y los oídos afinados para escuchar el rumbo danzante de las mariposas...son tan pocas las veces que alguien pronuncia nuestro nombre de una forma tan necesariamente dulce, que no puede permitirse interferencias.