Tan enojada como triste...
Desde que tengo uso de razón, escribo por escribir, escribo porque no sé escribir, y escribiendo me creo que sé... siempre en cuadernos, en agendas, hojas sueltas o apuntes con tachaduras. Que un paisaje, un sonido, un sabor, un color, un fantasma, una canción o un algo imaginado era punto de partida para un divague seguro, siempre fue con más críticas que halagos, y siempre me importo tres carajos, escribo porque me gusta sin más que la pasión por el efecto del verbo.
Por una casualidad que no fue causal, hace más de un año, reemplacé la birome y los cuadernos tapa dura, por la catarsis purgativa en el mundo blog. Comencé a escribir en este espacio, con el mismo amor con que lo hacía sobre una servilleta de papel y por el simple placer que me evoca el sonido del teclado.
Ladrillo a ladrillo, fui creando historias, uniendo letras y tejiendo tramas, prestadas, imaginadas, robadas de sentires ajenos, y en el menor de los casos, verdaderas y propias, siempre camufladas en el interrogante de... será, o no será?... siempre dejando bien cuidada a la que escribe de este lado.
Me autodefiní como una antagonista que cuenta la historia de una que cuenta historias...
Siempre defendí la idea de retroalimentación y reciprocidad, jamás tuve la intención de pertenecer a un grupo, ni creer que tengo la verdad absoluta en lo que digo.
Siempre me gustaron los comentarios que dejan al descubierto los puntos de vista, los conformismos o desacuerdos del tema en cuestión, sin la necesidad de indagar en la historia personal, comentarios que siempre, pero siempre, respondí con el mayor de los respetos.
En su momento, la asociación entre mis divagues en fuga, y mi yo, el de este lado del monitor, me daban gracia, me disparaban ideas y nuevos efectos a la hora de seguir escribiendo... hoy, asumo, que esa mezcla me exaspera, el tono constante de aclarar que tanto hay de autobiografía, o vivencias personales en lo que digo, me inhibe, me quita las ganas de seguir jugando a creerme escritora, tan rara como complicada la sensación a la hora de querer graficarla...
Me encontré explicando, que mi ánimo está perfecto, que mi vida no es una mierda, que camino felizmente por la calle, y que esta sonrisa de oreja a oreja que tengo pegada en la cara, desde antes de empezar a escribir este blog es mía, muy mía...y cuando me escuché decir esto, me llamé la atención... qué pasó?, desde cuándo tengo que explicarlo?, y sentí entonces este click... una sucesión de mensajes a modo de palmadita en la espalda, al mejor estilo de terapia de autoayuda como si de repente me conocieran por otra cosa que no sea por mis letras... y tengo la bronca hecha tristeza...
Y no sé en que momento para quien lee uno deja de ser el narrador para convertirse en protagonista, pensé que manejaba perfectamente la sutil línea que separa esos conceptos, de vidas que hubiéramos querido tener o situaciones que nosotros mismos inventamos pero que nos hacen estremecer unas veces por su dureza, por su ingenuidad o por la pureza de un sentimiento que queda simplemente reflejado en ese gesto del protagonista (que aclaro, no soy yo) con el que concluye el relato, sin embargo sucede y vuelve a suceder en la imaginación de los que están del otro lado: el efecto autobiográfico, y me irrita la aclaración constante y entonces en días como hoy, me dan ganas de mandar mi blog a la mierda.
Para rematarla, alguien me acaba de medicar una crisis blogger!! (what that fuck??) lo que me faltaba, como si no tendría crisis más importantes que patear en mi vida, no jodamos!

