(In)acción-(in)finita
Poco a poco, la noche iba metiéndose en sus venas, quemándole la sangre, entre vuelta y vuelta encuentra el insomnio enredado entre las sábanas, los ronquidos de un hombre y su sentencia de cadena perpetua. Cierra los ojos buscando un sueño que nunca llega, cierra los ojos por hábito, rutina, acostumbramiento... cierra los ojos y no. No es la luna. No el silencio. No el sexo cristalizado todavía latente. No la mancha de humedad de una pared con más vida que su vida. No los pies fríos de junio. No la música burlona ni las cortinas que transparentan rostros felices y utópicos de una ciudad que desconoce sus pasos de felicidad. Es el (su) olor, su aliento de tabaco. Su olor de cuerpo cansado, desnudo, con respiración plácida/exaltada de másymás. Su olor roncando el insomnio de ella. Su olor contaminando partículas de oxígeno..., su olor de él apestando a él...


