Corazón de niebla
Ella, ausente, para que decir su nombre si su nombre no dice nada…los que dicen son sus ojos, mirando siempre cuatro paredes distintas conteniéndola en noches de cigarrillos fumados a hurtadillas. Los que dicen son sus sueños huérfanos de ilusión, soñados a cualquier hora del día. Las que dicen son sus manos que a pesar de frotarlas furiosamente con crema de almendras, tiene los dedos enrojecidos y las uñas quebradas.
Y allí, quedó su presente, parado en las manecillas de aquel reloj que indicaba las cuatro de la tarde de algún domingo que parecía distinto, en una plaza sepia, solitaria, dormida y con una brisa esperanzadora y crédula…
Esta mañana te he visto tomar el tren. Me pregunte: ¿cuánto lo habrás querido?, ¿qué locas esperanzas de tu vida se habrán abrigado en tu corazón?, ¿de qué color te habrás imaginado las sábanas donde marcarías a fuego su piel compitiendo con las palabras y expresándote solo con el cuerpo?, pude ver tus heridas hacia afuera brotadas como rosas, destilando tal vez hasta el último instante, pequeñas gotas azules que melancólicas lamen las estrellas fugaces y la dureza del suelo en que lo amó.


