31 de mayo de 2007

Corazón de niebla


Ella, con el cielo lejísimo, la boca amarga y un azul profundo en sus ojeras que son el reflejo de una lucha despiadada con los fantasmas de su alma.
Ella, ausente, para que decir su nombre si su nombre no dice nada…los que dicen son sus ojos, mirando siempre cuatro paredes distintas conteniéndola en noches de cigarrillos fumados a hurtadillas. Los que dicen son sus sueños huérfanos de ilusión, soñados a cualquier hora del día. Las que dicen son sus manos que a pesar de frotarlas furiosamente con crema de almendras, tiene los dedos enrojecidos y las uñas quebradas.
Y allí, quedó su presente, parado en las manecillas de aquel reloj que indicaba las cuatro de la tarde de algún domingo que parecía distinto, en una plaza sepia, solitaria, dormida y con una brisa esperanzadora y crédula…
Esta mañana te he visto tomar el tren. Me pregunte: ¿cuánto lo habrás querido?, ¿qué locas esperanzas de tu vida se habrán abrigado en tu corazón?, ¿de qué color te habrás imaginado las sábanas donde marcarías a fuego su piel compitiendo con las palabras y expresándote solo con el cuerpo?, pude ver tus heridas hacia afuera brotadas como rosas, destilando tal vez hasta el último instante, pequeñas gotas azules que melancólicas lamen las estrellas fugaces y la dureza del suelo en que lo amó.

Hubiera querido acercarme, decirte alguna palabra…, o simplemente pedirte perdón, por aquel, que rapto tu angelical vida y te dejó deshecha y con la nada atada a tus pies.

24 de mayo de 2007

Bla, bla bla...

Esas palabras, efímeras, volátiles, inciertas... mentirosas y crueles... me arrebatan la razón. Encarcelan mis sentidos entre sus dedos, los arrugan, y me enseñan con golpes lo que no saben con susurros. Me agarran con sus tenazas, me besan y me excitan, me llevan al cielo y al infierno con sus caricias, y de repente...las perladas y plateadas lágrimas abandonan mis ojos, quemando como lava el camino que recorren, enrojeciendo mis retinas, mis mejillas, mi cuello. La sangre escarlata desciende por mis labios, y yo me pierdo en sus dos luceros, que me miran vacía, como miran a la nada misma. Mi mente enturbiada con palabras de ayer, usadas, gastadas, rotas, maldecidas... y ecos que resuenan musicalizando a la noche muda. Palabras como susurros cristalinos que se cuelan por todo mí ser y me dibujan una geografía de huellas mágicamente vividas y tristemente borradas por un bravo ciclón.
Palabras... enredadas en promesas olvidadas, en ilusiones que, como castillos de arenas, se destruyeron...,palabras, efímeras, volátiles, inciertas... mentirosas y crueles que visten el alma con una primavera de dolor...




Hoy en tenue vuelolibre, de las invisibles cadenas de las falsedades dichas.