4 de agosto de 2008

Salió el sol...

Infinitos crepúsculos de luz...

Muchos besos y diez mil canciones...
Algunas cosas son enormes cuando no se explican, cuando la mente no puede describir su olor...
Y lo intuís... si hasta se me quiebra el habla y se tiñen todas las dudas con las acuarelas de las verdades compartidas, como si de un juego impresionista se tratara.
Hablamos de momentos de paz. Ahora recuerdo ríos turquesas, siestas a la sombra de la enredadera. Mañana escribiré sobre hoy, hablaré de que las nubes cambian demasiado para lo despacio que van.
La respiración es demasiado pausada, mucho más de lo que cabría esperar para haber dejado de correr hace todavía pocos instantes.
Tranquilidad. Tengo tiempo para contar todos esos tonos de azul. Cuando la mano se eleva para hacer de muro entre mis ojos y el sol, un contorno amarillo y rojizo se forma entre sus dedos. Me gusta este fotograma, ahora todo va más lento. Voy viajando por ese contorno, tuerce, se ensancha, corta. Pero es sencillo, todo va más lento. Lentamente disfrutable.
Y es verdad, yo no te buscaba por no poder encontrarte, hasta que me contaminaste con tu olor y con tu temperatura, y me transitaste, caminaste, dibujaste, murmuraste, y me hiciste definición: "...estrellar los ojos una y otra vez contra la sorpresa, haciendo que esa cotidianidad tan ajena de pronto tenga mi talle y me calce perfecta".



Demasiado bien.

Demasiado tranquila.

Demasiado enamorada.

Y con demasiada cara de boluda feliz.






(simplemente siento... algo así, no puede ser tan malo...)


Vuelvo a agarrar mis agujas e idear nuevos puntos para seguir tejiendo ilusiones...

2 de julio de 2008

Seguir andando...

Estos días me los cobro en un presente intermitente, un despojarme de líneas circulares, abrir las manos, dejar que caigan todos los grises-inclusive los sepias-, ver los velos esparcidos por el suelo y descoser los gritos que tenía zurcidos en mi espalda...

El calendario avisa. Tiempo de dejar atrás calles que palpitan, horizontes encementados a los que no les da tregua el sol, huesos que corren a pasos vertiginosos marcando el ritmo de un mp3... es hora de irme, de recorrer nuevas sábanas y rendirle fidelidad a otra almohada, de hacer que futuros presentes se tornen un cuadro de recuerdos por pintar...
Hay un plan, dos destinos, y un proyecto en el bolsillo... Me calcé las zapatillas, y reviso por última vez la mochila: dos libros, tres canciones, un abanico de certezas, una seguridad temblorosa, dos consignas, una caja de cabshas, una carta del desquiciado y la hoja de ruta. Sí. Casi todo.
Otra señal. El crujido del invierno abre la puerta, dentro de él, veo despertares, nuevos espacios que debo llenar de mí misma lo antes posible.



Explotar todos los verbos: escribir, viajar, conocer, vivir, contar, callar, contar, callar de nuevo; e intentar... allá, donde la naturaleza es refugio, el viento amasa las palabras y los colores de esos cerros tiñen el alma con asombros permanentes.
El tiempo y el espacio reparten cartas indistintamente ..., el mes de julio baraja los naipes y el invierno me da su guiño de complicidad... el destino se piensa victorioso y ésta vez NO lo voy a contradecir. NO, ésta vez, NO.


Un viaje.
El futuro, todavía por delante y nuevas imágenes que llevar en las pupilas.