Salió el sol...
Infinitos crepúsculos de luz...
Muchos besos y diez mil canciones...
Algunas cosas son enormes cuando no se explican, cuando la mente no puede describir su olor...
Y lo intuís... si hasta se me quiebra el habla y se tiñen todas las dudas con las acuarelas de las verdades compartidas, como si de un juego impresionista se tratara.
Hablamos de momentos de paz. Ahora recuerdo ríos turquesas, siestas a la sombra de la enredadera. Mañana escribiré sobre hoy, hablaré de que las nubes cambian demasiado para lo despacio que van.
La respiración es demasiado pausada, mucho más de lo que cabría esperar para haber dejado de correr hace todavía pocos instantes.
Tranquilidad. Tengo tiempo para contar todos esos tonos de azul. Cuando la mano se eleva para hacer de muro entre mis ojos y el sol, un contorno amarillo y rojizo se forma entre sus dedos. Me gusta este fotograma, ahora todo va más lento. Voy viajando por ese contorno, tuerce, se ensancha, corta. Pero es sencillo, todo va más lento. Lentamente disfrutable.
Y es verdad, yo no te buscaba por no poder encontrarte, hasta que me contaminaste con tu olor y con tu temperatura, y me transitaste, caminaste, dibujaste, murmuraste, y me hiciste definición: "...estrellar los ojos una y otra vez contra la sorpresa, haciendo que esa cotidianidad tan ajena de pronto tenga mi talle y me calce perfecta".
Demasiado bien.
Demasiado tranquila.
Demasiado enamorada.
Y con demasiada cara de boluda feliz.
(simplemente siento... algo así, no puede ser tan malo...)
Vuelvo a agarrar mis agujas e idear nuevos puntos para seguir tejiendo ilusiones...

