El amigo de mi amigo...
Busca una mujer especial, perfecta para él, y aunque tiene prisa, sabe que existe. De todas maneras, no puede andarse con tonterías, así que no utiliza los métodos convencionales de ¿estudias?, ¿vivís sola? o ¿qué música escuchás?. No. Esas preguntas no le sirven. La mujer que él busca no contestaría a cosas así, se quedaría sentada, aburrida, mirando al frente, y a la mínima ocasión se excusaría con cualquier asunto. -Lo siento, tengo que ir a una asamblea de relojeros abstraídos. O... he quedado en tocarles la novena sinfonía a mis geranios. Es que si no, no florecen-.
Así que no pierde el tiempo. Cuando, en un bar, ve a alguna mujer que le gusta, se acerca. Es directo.
Es sencillo, preguntas así le ahorran días de agonía y profundas decepciones. Normalmente ella se vuelve hacia él con una expresión exagerada. A veces de perplejidad, otras de pavor, otras de simple indiferencia. Pero nunca de extrema felicidad o de comprensión. A veces ellas dicen:
Otras veces simplemente se levantan y se alejan dos o tres asientos de él. Un gesto así es suficiente. Ya está acostumbrado a estas reacciones, así que no se disgusta, ni se desilusiona, ni nada parecido. Simplemente sabe que no es la mujer de sus sueños y aborta la misión hasta la próxima.
La mujer que une con clips galletas a notas escritas en diagonal, que se inventa su nombre cada mañana. Que sueña sólo con lo que quiere, la mujer voladora, la que compra libros por su olor. La que hace reír a sus plantas y riega a sus vecinos. La mujer esdrújula, cascanueces, azabache, y espiral. La mujer Curótrofa, lampreílla, una de "Las Pléyades" y despulpadora purpúrea. Minutisa y quintilla.
Sueña con ella, y no se preocupa porque sabe que la encontrará.
En el colectivo observa a una muchacha. Ojos Negros que leen a Baudelaire. Él la mira y sueña: quizás se trate de ella, su mujer brisa marina, quien sabe, quizás sea que al destino le guste viajar en colectivo por las tardes. Si se trata de ella, no puede perderla; ¿Y si no hace nada y se baja del colectivo y desaparece?. Incluso es posible que sea experta en buscar figuras en las nubes.
- ¿Prefieres las nubes vistas desde abajo o desde arriba?
- ¿Perdona?-
Que si prefieres las nubes vistas desd...
- Es mi estación, lo siento.
Y la muchacha ojos negros cierra a Baudelaire y se marcha. Él resopla y se vuelve a recostar sobre su asiento. Otra vez, otro rechazo, otra incomprensión, otro rostro de perplejidad, otra mujer estrella fugaz. Es un soñador, lo sabe y le gusta serlo, pero a veces se entristece pensando que este mundo no está hecho para soñadores.
Y aunque asienta con la cabeza, yo tengo la convicción de que él no se cree tal manifiesto. Él sabe que existe un ínfimo instante en el que los caminos se enlazan y alumbran las oscuridades. Y yo le creo...


