Yo no sé quién le dijo a los hombres que es bueno piropear a las mujeres. No sé de dónde inventan que hay algún misterioso derecho que les permite calificar, invitar y vitrinear descaradamente a cuanta pobre tipa se les cruza por el camino.
Seamos honestos: ¿qué valor tiene un "ma-miii-ta-te-parrrrr-to-al-meeee-dio" gritado a toda prisa?, [acompañado -inclusive- de ese patético sonido como quien está llamando a un perro]. eh!?, eeehh!!??
Aun cuando estoy absolutamente convencida de que es un serio problema neuronal que aqueja a algunos ejemplares, también creo que la impunidad con que las mujeres dejamos que ellos vociferen sus excesos de testosterona y de imaginación empeora el cuadro. La mayoría de las veces nos hacemos las desentendidas, o, en el mejor de los casos, los miramos con desprecio, desprecio que a ellos les importa dos carajos y medio.
Por suerte, en mi caso, dado mis reacciones imprevistas, el impacto de la grosería no me dejó sin habla, y no queriendo evitar mi mal genio, al piropeador en cuestión le quedó bien clarito mi mensaje: .... -una palabra más, y te saco las amígdalas con una cuchara!-... (su cara, juro, fue de completo entendimiento).
Listo, vomité catarsis. Indicio de que volví. The Show Must Go On...