9 de octubre de 2007

A veces, solo a veces...

Me enseñaste la clandestinidad frenética de este
amarte sin salidas, me enseñaste el romanticismo derramado en sesenta minutos de puro placer...me enseñaste a caminar la ciudad en veinticuatro horas con la complicidad de un cielo azul, brisa con acordes de Pastoral y adoquines que a nuestro paso se convertian en flores... me enseñaste a descubrir-me cursi con solo sentir tus manos frías-chiquitas-rebeldes.

Pensé que era normal que no me extrañes, pensé que jamás llamarías, pensé que no necesitabas mi voz, que no era ni siquiera tu última prioridad ni la más remota posibilidad de tus posibilidades, pensé que después de todo, no somos ni siquiera amantes, y que las hormonas están solo de este lado de la orilla...

Cuando mi mente, mi alma y mi corazón trataban de digerir esta verdad, sonó el aparato infame y del otro lado estaba tu voz como una maldición estridente, anunciando tu presencia... intacto, vos...el mismo brillo en tus pupilas...vos...(te ví, y me tragué el discurso)...

Mastiqué tus mensajes asépticos y ese silencio prolongado (mi debilidad-perdición-sed-necesidad), el sabor de un vino y las estrellas dándote la razón...me dolieron tus palabras ligeras, me dolió tu lanza dialéctica y me estremeció el entrelíneas que desnudaba tu lujuria de querer verme-tocarme-sentirme y tenerme en tu mundo-sin palabras y con sábanas perfumadas...

Me dolió, sí... me dolió... pero me iluminaste el alma, y caí en aquel mundo que habíamos inventado, lejano pero tan nuestro, donde yo era presa de tu saliva y vos cómplice de mis manos... no lo evité (porque de haberlo hecho-no-me-lo-perdonaba)... y la red de besos nos atrapó y la magia húmeda nos conectó en sombras desde movimientos acompasados, sin pausas, sin espacios, sin rejas...
Un segundo, dos, o tal vez tres... y los jadeos estampados en la memoria de los tímpanos me atormentaron y me devolvieron al retazo de mi realidad...


Hoy con el eco de tu voz dando vueltas en mi cabeza, el sabor de una noche afónica, y la resaca en la piel de mi cuerpo extasiado...vuelvo a quererte y a maldecir por lo que pudimos haber sido (pero no).
..., fuimos casi todo y el casi faltante, hace del todo, una anécdota que recordarla a veces, solo a veces... me hace extrañarte mucho más que demasiado...

2 de octubre de 2007

Comencé... (este lunes fué verdad!)

Sé que no suena auspicioso, pero al ver la aguja de la balanza navegar por una cifra irreproducible, doy por inaugurada mi dieta 182 del corriente año. Con la trágica opción, que a partir de este anuncio comience a regir la conocida e invariable regla de Murphy, la que confirma que en el exacto momento en el que uno se propone bajar de peso, todo el resto del mundo inicie orgías gastronómicas en la cara de la damnificada.

No es una experiencia nueva para mí, lo he vivido varias veces, algunas con relativo éxito, y si bien recién comienzo, y pareciera que el mate me muerde por dentro y mi estómago es un carnaval de reclamos, sigo la restricción al pie de la letra.... y como es sabido en éstos casos, todo se subsana con una botella de agua, y aunque parezca un colchón líquido, que camina y suena y mi panza sea una piscina, me dispongo a subsistir hasta el almuerzo, y.... sopa y...¡¡ más líquido!!


En este preciso instante, odio minuciosamente a todas las felices-afortunadas que pueden comer cualquier cosa sin temer el ataque de acumulaciones adiposas in-abdomen, la raza maldita que parece no digerir nada. He comenzado mi batalla contra mi propio expansionismo. Ya les contaré cómo me va; hasta entonces, no me inviten a cenar.


[Y a mis queridos cabshas, no los abandono, es un simple....

"hasta el próximo invierno"]