Letras que la escoba no barrió...
Con el eco de “Where Did You Sleep Last Night", la cuchilla afilada de la versión de Cobain penetrando mis oídos, el sabor tinto de una copa a medias y una lágrima que se camufla tras un suspiro, termino de leer la última página (escrita) de un "libro abierto" y.... la mezcla de sensaciones entre los puntos suspensivos y las hojas en blanco por lo que aun vendrá, me frustraron la idea preconcebida de toda historia con su clásico “the end”...
En primera fila, viví las líneas de esa obra-Olimpo, y me contagié de melancolía, de las venas llagadas de espinas, de la demencia y fortaleza de sus protagonistas, un loco triste y una Venus escapada de los fuegos de Vulcano... y me preguntaba..., que habrá sido de ellos..., de ese amor irreparable, irremediable, de ese amor húmedo, mucho más que los húmedos cafés donde sus alter egos literarios se sentaban a desmadejar su amor laberinto, su amor rayuela, su amor metafísico y condenado a lágrimas... tan intenso como la fuerza que los arroja a las oscuridades, jadeantes y amnésicos. De esa unión inmortal, tanto que ni siquiera les duelen las culpas, ni siquiera saben que son inmorales, de tan perversos. Y sin embargo, en el fondo de la perversión, algo como una ternura desesperada conmueve a los pocos que los conocen...presiento sombras que maldicen a éstos locos que se aman y compiten con su fuego para probarse a sí mismos. Pero cuando los ven juntos, acuchillándose las retinas, desnudándose y descifrándose enigmas, guardan sus espadas y se quedan en silencio.
Admiré los gritos dejados entrelíneas, esa forma de explicar que el vínculo de ellos corre sigilosamente, por el subsuelo, sintiendo que se han desgarrado la piel en todos los sitios de la tierra, sin moverse de una silla.
Agudizo los oídos y en el silencio imperfecto solo oigo gemidos de dos amantes despiadados que se refugian desenfrenadamente en un sueño de incertidumbre... únicos en su mundo de libertades y excesos...
Encontré en esa historia, un pasadizo hasta su existencia y desenterré sus cartas, que ya parecen de hace un siglo. Leí lo que escribían en el fin del otoño y el comienzo del invierno y mi concentración más el último trago de malamado en mi copa, me llevó a que haga carne el dolor de aquellos.
Me pregunto si esa Venus, era una suicida, y si él sabría que en el arrojo de su existencia se jugaba también su muerte...
Miro algo perpleja el cuadro, y, confundida aún, me atrevo a romper una lanza por la intolerancia, me detengo en sus encuentros, en los minutos sin reloj, donde se tenían, se respiraban, se tocaban, se tatuaban los deseos a fuego en la piel, se tragaban las plegarias ahogadas entre beso y beso de un “no-te-vayas-dale-no-te-vayas” y se apuraban a dejarse mil años de amor en una noche a contra-reloj... porque nadie sabe cuánto pasaría hasta un próximo encuentro, ¿un día?, ¿un año?, ¿cien años más?...¿toda una vida, o la nada misma?.
Sentí en esas letras, los latidos sensibles de un corazón vulnerable, dejando en la sístole el nombre de su musa mientras la diástole esgrimía la realidad de su miedo.
Quizás mis palabras parezcan insuficientes entre tantas imágenes escritas, pero el dolor de ellos, delata el mío propio y me escarcha la sangre y solidariza con el invierno y con ese crujir de rocas detríticas delatoras de un amor atesorado, repudiado, exiliado y convocado a contra-voluntad.
Ellos seguirán imaginarios, con su amor como escudo y su historia resistiendo al epitafio. Con sus verdades reales y su ejército de pañuelos desechables... (así, lo presiento)
En primera fila, viví las líneas de esa obra-Olimpo, y me contagié de melancolía, de las venas llagadas de espinas, de la demencia y fortaleza de sus protagonistas, un loco triste y una Venus escapada de los fuegos de Vulcano... y me preguntaba..., que habrá sido de ellos..., de ese amor irreparable, irremediable, de ese amor húmedo, mucho más que los húmedos cafés donde sus alter egos literarios se sentaban a desmadejar su amor laberinto, su amor rayuela, su amor metafísico y condenado a lágrimas... tan intenso como la fuerza que los arroja a las oscuridades, jadeantes y amnésicos. De esa unión inmortal, tanto que ni siquiera les duelen las culpas, ni siquiera saben que son inmorales, de tan perversos. Y sin embargo, en el fondo de la perversión, algo como una ternura desesperada conmueve a los pocos que los conocen...presiento sombras que maldicen a éstos locos que se aman y compiten con su fuego para probarse a sí mismos. Pero cuando los ven juntos, acuchillándose las retinas, desnudándose y descifrándose enigmas, guardan sus espadas y se quedan en silencio.
Admiré los gritos dejados entrelíneas, esa forma de explicar que el vínculo de ellos corre sigilosamente, por el subsuelo, sintiendo que se han desgarrado la piel en todos los sitios de la tierra, sin moverse de una silla.
Agudizo los oídos y en el silencio imperfecto solo oigo gemidos de dos amantes despiadados que se refugian desenfrenadamente en un sueño de incertidumbre... únicos en su mundo de libertades y excesos...
Encontré en esa historia, un pasadizo hasta su existencia y desenterré sus cartas, que ya parecen de hace un siglo. Leí lo que escribían en el fin del otoño y el comienzo del invierno y mi concentración más el último trago de malamado en mi copa, me llevó a que haga carne el dolor de aquellos.
Me pregunto si esa Venus, era una suicida, y si él sabría que en el arrojo de su existencia se jugaba también su muerte...
Miro algo perpleja el cuadro, y, confundida aún, me atrevo a romper una lanza por la intolerancia, me detengo en sus encuentros, en los minutos sin reloj, donde se tenían, se respiraban, se tocaban, se tatuaban los deseos a fuego en la piel, se tragaban las plegarias ahogadas entre beso y beso de un “no-te-vayas-dale-no-te-vayas” y se apuraban a dejarse mil años de amor en una noche a contra-reloj... porque nadie sabe cuánto pasaría hasta un próximo encuentro, ¿un día?, ¿un año?, ¿cien años más?...¿toda una vida, o la nada misma?.
Sentí en esas letras, los latidos sensibles de un corazón vulnerable, dejando en la sístole el nombre de su musa mientras la diástole esgrimía la realidad de su miedo.
Quizás mis palabras parezcan insuficientes entre tantas imágenes escritas, pero el dolor de ellos, delata el mío propio y me escarcha la sangre y solidariza con el invierno y con ese crujir de rocas detríticas delatoras de un amor atesorado, repudiado, exiliado y convocado a contra-voluntad.
Ellos seguirán imaginarios, con su amor como escudo y su historia resistiendo al epitafio. Con sus verdades reales y su ejército de pañuelos desechables... (así, lo presiento)
Quisiera imaginar(me) lo que guardan las hojas no escritas, de ese libro... espero el momento de revelar ese secreto, pienso en ello... y se me pone tibia la sangre y la esperanza. Cierro los ojos esperando que la reactividad de lithium que brota de Nirvana más el sodio de algunas lágrimas hagan combustión y comiencen a surtir sus efectos, hasta mientras me atrevo a imaginar un final dulce, redondito y exquisito como un bocadito cabsha.




