7 de julio de 2007

Creo, sin menos y más...

Antes mi lógica era más ilógica, creía en los sentidos que se desnudaban cuando la razón sonreía victoriosa, en la culpa que me mantenía atada a espectros del recuerdo y en que el tiempo hacía bien en guardar a cada uno en su lugar.

Aun así, mi persona absolutamente ordinaria y con cierta predilección ilógica en su alter ego, cree en las elecciones por motivos extraños que luego se revelan como pretextos, en que casualidad y causalidad muchas veces son sinónimos encubiertos, en que las yemas de mis dedos cuando recorren tu espalda, expresan mejor que mis palabras, en que me confabulé con el recuerdo para no ser nunca tu recuerdo, creo en las canciones que asaltan los tímpanos para gritar su mensaje. Creo en lo que viene de imprevisto sin que uno se lo proponga, en las sábanas como nuestra estación terminal de toda conversación y en la grave-dad inversa de desimantarse, de desenredarse, de desquererse,
Creo en los azares trascendentales. En todos los azares. Ésos que, en conjunto, los griegos llamaron destino. Hoy tengo la seguridad que creo y no sé si creerte que me crees, pero creo en este día y en este instante; total mañana las máscaras reemplazaran las desnudeces y los relojes volverán a su trabajo habitual, bah...
eso creo...


2 de julio de 2007

Nómades de punto fijo

Me acostumbré al modo precario de este sentir, a tenerte sin brújulas ni rumbo, a vivir desorientada con la sensación que al fin de mis dedos está tu anatomía dibujando la más hermosa geografía. A encendernos-resucitarnos con un beso burlando al invierno, a no hablar de futuro y saber que el tiempo tiene la noción de las horas que permiten un encuentro. Me acostumbré a que las culpas no me duelan, a los rincones sin luz de los bares menos concurridos, a no mentirme promesas. Me acostumbré a sentir este sentir en un subsuelo, con un espectro invisible entre vida-muerte, resurrección-letargo, con noches ardientes que nada saben de formalidades y que en ese sigilo de dibujarnos la piel y entrecortarnos el aliento atravesemos los sueños de las personas decentes.
Me acostumbré perdidamente, sin planes, me acostumbré a ser amnésica y verte a vos ajeno...y sí..., me acostumbré a mentir para sobrevivirse, creerse el espejo, confiar en la mejoría, en el progreso y jurar que no se piensa ya más en los protagonistas de los desamparos.

.
.
.
Escapados...La loca y el mago, la maga y el loco, escapados del tarot y caminando por calles perdidas con una cama flotando sobre la ciudad a oscuras, con un abanico de razones temblorosas, un grito destemplado, esquirlas, humedades, silencios, y este fuego de tenernos (y no)...